"Que salga de ti"


No habrá sido ni una ni dos las veces que hemos deseado que, a nuestros hijos, amigos o pareja “les salga de ellos” estudiar, acordarse de nuestro cumpleaños o salir de fin de semana lejos de la multitudinaria ciudad. De igual manera, tampoco habrá sido una o dos las veces que nos han exigido en algún momento “que saliera de nosotros” poner la mesa cuando eramos crios, participar en el regalo de cumpleaños de algún amigo que lo iba a celebrar o ponernos a limpiar la casa un domingo por la mañana.

Cuando nos exigen “que salga de nosotros”, ¿Qué ocurre para que paradojicamente, no solo no ocurra si no que disminuimos la probabilidad de que así sea?

Primero de todo, en mi opinión, tenemos que tener en cuenta que confundimos un nivel de capacidad (o incluso de identidad) a la hora de desarrollar una comportamiento con un nivel de conducta. Si, de conducta, puesto que la persona ordenada ya de por si es ordenada y su comportamiento será poner orden. En contraposición, una persona desordenada o “con otra concepción de lo que para él es el orden” saldrá de él mismo precisamente otro tipo de comportamiento que no tendrá que responder precisamente a las exigencias de la primera parte. Dicho de otro modo, y empatizando con la víctima en este maquiavélico juego: La persona desordenada no tiene los recursos suficientes (según lo que entendamos como orden) y se les exige algo que debería salir de forma innata y natural según el punto de vista subjetivo de la parte demandante.

No se le pide a la persona que haga tal comportamiento por nosotros, estamos pidiendo algo mucho más complicado que una simple conducta: estamos pidiendo que le surja algo de la nada, como pedirle peces a un rio seco.

Por otra parte, y rizando aún más el rizo dentro de las posibilidades del tema que nos ocupa, de una forma implícita. la persona recibe algo más que “el no haber hecho lo que tocaba”. Este algo es la exigencia. La misma que genera obligatoriedad, complicándo aún mas la ejecución de las tareas, sobretodo si la no realización de éstas no traen grandes consecuencias bajo el mismo punto de vista. Gracias a ello se ha conseguido que se disminuya la probabilidad de realización de la tarea o petición, a pesar de que la intención va totalmente en dirección opuesta.

Por tanto, hay que tener muy cuenta como formulamos la petición y sobretodo a que nivel lo abordamos. SI entramos dentro del terreno de la capacidad o de la identidad, es posible que perdamos un tiempo valioso en una batalla la cual solo hay perdedores, obligando a utilizar términos en imperativo que nos van a alejar de nuestra petición. En cambio, si orientamos dicha petición a la conducta o comportamiento, generándolo desde la posibilidad antes que desde la imposición, podemos aumentar la posibilidad de que aparezca.

Así que, tendría que salir de ti volver a leer el artículo si hay algo que no has acabado de entender, o dicho de otra manera, estaría bien que lo volvieras a leer si ha habido algo que no has acabado de entender. De no ser así, también estaría bien.

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